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Gitana 18 nace alrededor de una pregunta que va más allá de la búsqueda de la velocidad absoluta: ¿cómo hacer volar un trimarán de 32 metros sobre el océano con mayor continuidad, control y eficiencia?
En torno a este desafío, Gitana Team y el grupo de diseño dirigido por Guillaume Verdier han desarrollado el nuevo Maxi Edmond de Rothschild. Un multicasco de 32 metros de eslora y 23 metros de manga que recoge la experiencia de su predecesor, pero que no se limita a evolucionar sus formas.
El objetivo es avanzar todavía más en el concepto de offshore flight: no simplemente elevarse sobre el agua, sino convertir el vuelo en una condición cada vez más natural incluso cuando el mar está muy lejos de la regularidad de un campo de regatas costero.
De Gitana 17 a una nueva generación
Cuando Gitana 17 fue presentado en 2017, el proyecto ya tenía una ambición muy concreta: trasladar el vuelo de los grandes multicascos desde las aguas protegidas hasta el océano abierto.
Los años siguientes transformaron aquella experimentación en experiencia real. Miles de millas navegadas, competiciones, récords y travesías tanto en solitario como con tripulación generaron información que hoy constituye una parte fundamental del nuevo proyecto.
Gitana 18 nace por tanto de una base especialmente valiosa: el comportamiento real de un gran trimarán volador en el océano.
El nuevo proyecto mantiene unas dimensiones similares a las de su predecesor, pero revisa profundamente la aerodinámica, los apéndices, el aparejo y la organización general. Según Gitana Team, la atención se concentra en dos grandes objetivos: mejorar el "motor", es decir, las velas y todo lo situado sobre cubierta, y reducir la resistencia al avance.
Volar antes, volar mejor
Foils, timones y orza central se convierten así en algunas de las áreas decisivas del proyecto.
No basta con generar sustentación. Un Ultim destinado a navegar por el océano debe mantener su equilibrio mientras la superficie del agua cambia constantemente bajo los cascos, aumenta la velocidad y las condiciones pueden transformarse con rapidez.
Por este motivo, Gitana 18 introduce una nueva generación de apéndices desarrollados a partir de la experiencia acumulada con Gitana 17. El objetivo declarado por el equipo es anticipar el despegue y mejorar el comportamiento a alta velocidad con mar formado.
Es una diferencia importante frente a la imagen más simple del foil como un elemento destinado únicamente a sacar el casco del agua. Aquí, el verdadero problema consiste en controlar un sistema dinámico en el que aerodinámica, hidrodinámica, actitud y potencia deben permanecer constantemente conectadas.
El laboratorio digital antes del océano
Gran parte de este trabajo comienza mucho antes de que el carbono llegue al agua.
El nuevo Maxi Edmond de Rothschild es fruto de la colaboración entre la oficina de diseño interna de Gitana, dirigida por Sébastien Sainson, y el equipo de Guillaume Verdier. Los datos acumulados con Gitana 17 permiten comparar las hipótesis de diseño con años de comportamiento real de la embarcación.
La simulación se convierte así en una parte integral del proceso. Componentes, geometrías, ergonomía y sistemas pueden estudiarse en un entorno digital antes de alcanzar su configuración física definitiva.
El cockpit y la célula de vida también fueron desarrollados utilizando herramientas de realidad virtual, lo que permitió comprobar desde las primeras fases la posición de los controles, los movimientos de la tripulación y la organización del espacio que durante la navegación se convierte en el auténtico centro operativo de la embarcación.
La tecnología no sustituye la experiencia de los navegantes. Al contrario, permite convertirla en información útil para los diseñadores.
Una máquina diseñada para las personas y el océano
Las prestaciones extremas tienen un límite muy concreto: la persona que debe controlarlas.
Gitana 18 ha sido diseñado para navegar tanto con tripulación como en solitario. Esto significa que sistemas capaces de gestionar fuerzas enormes deben poder ser controlados por muy pocas personas y, en determinadas situaciones, por un único skipper.
Es una de las razones por las que Charles Caudrelier y el equipo de navegación participan directamente en el proceso de diseño. Ergonomía, visibilidad, protección, accesibilidad de los controles y rapidez de intervención no son elementos secundarios frente a las prestaciones: forman parte de ellas.
En una embarcación de este tipo, reducir la carga de trabajo ayuda al navegante a conservar la concentración cuando las altas velocidades se mantienen durante horas o incluso días.
Construir 32 metros de precisión
Para Gitana 18, el equipo confió la construcción a CDK Technologies en Lorient, cerca de la base técnica de Gitana.
El proyecto requirió más de veinte meses de trabajo y el astillero estimó alrededor de 200.000 horas de construcción. Son cifras que ayudan a comprender hasta qué punto un Ultim contemporáneo está lejos de la simple idea de un casco al que se añaden un mástil, unas velas y determinados apéndices.
La plataforma de carbono debe integrar estructuras, sistemas hidráulicos, electrónica, apéndices, aparejo y una red de componentes sometidos a cargas enormes. Cada elemento debe ser ligero y, al mismo tiempo, lo suficientemente fiable para afrontar miles de millas lejos de la costa.
Es quizá una de las contradicciones más fascinantes de la vela oceánica moderna: eliminar cada gramo innecesario sin renunciar a la resistencia.
El mástil también forma parte del sistema
La investigación no se concentra únicamente bajo la superficie.
Gitana Team ha trabajado de forma importante en el aparejo y la aerodinámica del trimarán. Ya durante las primeras navegaciones de marzo de 2026, antes incluso de instalar los foils previstos para las siguientes fases del desarrollo, la tripulación comenzó a comprobar las principales innovaciones relacionadas con el mástil y las crucetas.
El concepto consiste en tratar cada vez menos las velas, el aparejo, la plataforma y los apéndices como sistemas independientes.
A estas velocidades, todo lo situado sobre cubierta contribuye de manera importante a la eficiencia global. Reducir la resistencia aerodinámica y controlar mejor la forma de las velas influye en el mismo equilibrio que permite al trimarán mantener el vuelo.
Del mundo virtual al mar
Después de más de dos años de desarrollo y construcción, el Maxi Edmond de Rothschild fue botado en Lorient el 14 de febrero de 2026.
Las primeras navegaciones en el Atlántico llegaron el 10 de marzo. El programa fue deliberadamente progresivo: primero los sistemas mecánicos, hidráulicos y electrónicos; después las velas, el sistema de gobierno, los timones y las innovaciones relacionadas con el mástil. La instalación de los foils estaba prevista para una fase posterior de la puesta a punto.
Es un método que explica bien la complejidad del proyecto. Una embarcación tan innovadora no puede considerarse terminada simplemente porque toca el agua.
La botadura representa más bien el paso desde un laboratorio virtual e industrial hasta otro mucho más difícil de controlar: el océano.
Cuando tecnología y arte comparten la misma superficie
Gitana 18 no habla únicamente de ingeniería.
Ariane de Rothschild ha continuado la colaboración iniciada con el Palais de Tokyo, convirtiendo una vez más un gran trimarán de competición en una obra de arte que viaja sobre el mar. En esta ocasión, la identidad visual fue confiada a los artistas franceses Florian y Michaël Quistrebert, con la participación de Jean-Baptiste Epron en su aplicación sobre la embarcación.
Cascos y velas se convierten así en una superficie artística de aproximadamente 2.000 metros cuadrados.
El contraste es singular: una de las máquinas de vela tecnológicamente más avanzadas de su generación transporta por el océano una obra que no ha sido concebida para permanecer inmóvil en un espacio expositivo, sino para cambiar continuamente con la luz, el agua, la velocidad y el movimiento.
El vuelo como nueva forma de navegación
Gitana Team define el nuevo Maxi Edmond de Rothschild como el primer representante de la segunda generación de Ultim voladores.
La diferencia es significativa.
La primera generación demostró que un gran trimarán podía volar sobre el océano. El siguiente desafío consiste en conseguir que ese vuelo sea más utilizable, eficiente y estable, y que pueda mantenerse durante periodos cada vez más prolongados en condiciones reales.
Es aquí donde Gitana 18 se convierte en algo más que una máquina construida para ganar una regata o superar un récord.
Es un laboratorio en el que diseñadores y navegantes intentan comprender cuál puede ser el próximo paso de la vela oceánica.
Porque a estas velocidades la frontera entre navegar y volar resulta cada vez menos clara. Y quizá el verdadero objetivo ya no sea simplemente ir más rápido, sino aprender a mantenerse en vuelo mientras debajo continúa estando el océano.
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Gitana Team
© Equipo editorial de MED Yachting
Gitana 18, diseñar el vuelo sobre el océano
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